Edición 2020

THE COLLECTIVE FIELD #WLD2020

Cantando, silbando, pisando…creamos esferas sonoras que denotan actividad, movimiento. Cada día, cada hora, cada minuto. Irrumpimos en el espacio sonoro colindante y formamos parte -sin pedir permiso- de ese espacio, de ese patrimonio inmaterial y creamos una memoria común. El lema de este año del Día Mundial de la Escucha saca a colación uno de los pensamientos de Murray Schafer, en el que señala que formamos parte del paisaje sonoro de múltiples maneras: componemos, interpretamos y escuchamos.

El ser humano clasifica, mide, dibuja, modela, modifica cuanto se le antoja -o cuanto puede-. En el caso del sonido, lo hacemos desde el instrumento primario -voz- hasta aquello con lo que no creemos (o sabemos) que no suena -como la propagación del sonido en el espacio- En realidad, modificamos las vibraciones, convirtiéndolas en audibles. Las posibilidades en (y con) el sonido son tendentes a infinito.

En nuestro entorno, creamos y desciframos códigos sonoros, tanto para nuestra comunicación interpersonal, como para conocer el estado de otras especies a través de la ecología acústica -ejemplos como el de Leah Barclay en Australia-, un método no invasivo de control y protección de aquello que no vemos, de todo el patrimonio sonoro inmaterial que debido a una acción consciente o inconsciente, modificamos. Existen ejemplos recogidos de estos últimos meses en los que hemos (re)transformado espacios comunes tanto de nuestra especie como de otras especies tanto terrestres, aéreas o acuáticas -biofonía-.

El sonido como construcción patrimonial común, diaria, modelable. Es un punto de encuentro, una señal sensitiva colectiva e individual al mismo tiempo. Un constructo visto desde el exterior. Interactuamos con él. Somos creadores activos y espectadores pasivos de patrimonio inmaterial.

Los sonidos con los que nos identificamos tienen, en muchas ocasiones, un criterio de identidad añadido y, en ocasiones, común. Se codifica y adquiere un significado: señal acústica -cruce de semáforos-, mensaje sonoro cifrado -inicio de una comunicación: arpegio ascendente-, o fin de la misma: arpegio descendente-, o mensaje sonoro de creación colectiva y acordado -aplausos durante el confinamiento-.

El patrimonio común creado es efímero. Tiene en común con la música que se produce y reproduce en tiempo, de manera lineal. Su recogida se presta a equívocos en su reproducción: en ocasiones por el medio de recogida y reproducción; en otras, porque nos hace espectadores y no partícipes. La escucha atenta nos abstrae de la creación colectiva y, generalmente, nos hace volvernos más cuidadosos y prudentes. El ejercicio común de la producción debe ir acompañado de la escucha, también como ejercicio común.


Confinamiento (primavera 2020)

[Dani] Aplausos
[Dani] C/ Ezcurdia. Hacia Gijón
[Dani] Mañana domingo Resurrección
[DuliAsturiesG] C/ Marqués de San Esteban 21:00
[Eduardo] C/ Lope de Vega. Antes de aplausos
[Eduardo] C/ Lope de Vega. Aplausos
[Héctor] Amanecer en el Camín de les Clarises
[Mónica] El Coto en Viernes Santo
[Paula] Carretera de Villaviciosa cerca del Grupo
[Silvia] C/ Lope de Vega
[SoniaB] C/ Orbón al mediodía
[Sonia] La Corolla

Nueva normalidad (verano 2020)

[Dani] Playa de San Lorenzo
[Dani] C/ Ezcurdia. Hacia Gijón
[Dani] Tarde de domingo
[DuliAsturiesG] C/ Marqués de San Esteban 21:00
[Eduardo] C/ Lope de Vega, 19:56
[Eduardo] C/ Lope de Vega, 20:00
[Héctor] Camín de les Clarises, 7:30
[Mónica] El Coto un sábado, 23:00
[Paula] Carretera de Villaviciosa cerca del Grupo
[Silvia] C/ Lope de Vega
[SoniaB] Cerca de las Mestas, 13:34
[Sonia] La Corolla


CONFINAMIENTO Y ESCUCHA

En la celebración del Día Mundial de la Escucha de este año, bajo el lema The Collective Field (El territorio común), os proponemos el reto de descubrir Gijón a través de la escucha de las grabaciones realizadas en dos momentos separados por unas pocas semanas. El primero de ellos, bajo el lema #QuédateEnCasa #EscuchandoGijón, en el que tendrás la oportunidad de escuchar la ciudad durante el confinamiento; el segundo, semanas después, en el que se recogieron grabaciones desde los mismos puntos.

El paisaje sonoro, como creación colectiva, es rico en variabilidad -en parámetros de intensidad, timbre, ritmo, etc.- por producirse en una línea temporal y por las diversas circunstancias e interacciones de fuentes. Por aquello de no siempre se baña uno en el mismo río, no siempre accede uno a la escucha atenta del mismo paisaje sonoro, de esa esfera sonora que conformamos a nivel colectivo. 

En esas escuchas se recoge un cambio en la arquitectura sonora, debido a un número de variaciones estructurales, esto es, cambios en el paisaje sonoro en el que las circunstancias que lo rodean han cambiado de manera abrupta. En este caso, las grabaciones de este año se han realizado durante y después del Estado de Alarma decretado por la COVID19. Inicialmente, las principales fuentes que estructuran un paisaje sonoro: geofonía -sonidos viento, agua, bosques, etc.-, biofonía -sonidos producidos principalmente por fauna-, así como la antropofonía -sonidos producidos por la acción humana-, se vieron alterados debido a la interacción de la fuente antropofónica. 

La supresión casi total de actividad humana -el silencio de la primera semana-, redujo los niveles de intensidad y ritmo en las esferas sonoras de Gijón. La primera consecuencia para el paisaje, fue el cambio del paisaje sonoro urbano del low-fi (baja fidelidad, se solapan intensidad y ritmo), hacia el hi-fi (los sonidos pueden escucharse con mayor claridad y a mayor distancia). El ejemplo siempre se traza desde los paisajes sonoros urbanos, en los que el sonido se produce de manera constante y generalmente, con niveles de intensidad altos -tráfico-, frente a los paisajes sonoros rurales, que permiten una escucha sonora que respeta el propio ritmo del sonido, su ritmicidad,  aumento del confort acústico debido a un descenso en la contaminación acústica, decreciendo la acumulación sonora, como ocurre en los registros de El Coto o en las cercanías de la carretera de Villaviciosa.

¿Los cambios han de ser siempre estructurales? La respuesta es ”no”, en ocasiones se producen cambios coyunturales debido a una interacción sonora que el paisaje sonoro responde a una improvisación colectiva, y por lo tanto, cambiante, modulable, como hemos visto en los aplausos -momentos previos incluidos-, en los que también se creó una señal sonora que irrumpía a la misma hora, con un mensaje común a través de un sonido ya codificado y reconocible. Ejecutado en una franja horaria, acabó teniendo un sentido casi comunitario, de gran intensidad, en el que el sonido antropofónico de los aplausos consigue cubrir casi por completo la biofonía -gaviotas o la geofonía -el sonido del mar y el viento-.

En la vuelta a la nueva normalidad sonora, en la gran mayoría de las grabaciones, van desapareciendo los niveles de confort acústico, un buen ejemplo lo tenemos en el concierto del alba –dawn chorus– de la grabación del Camín de las Clarisas, que ofrecía, durante el confinamiento, un cambio tímbrico, con una mayor presencia de sonidos de pájaros -biofonía-, frente a los sonidos de actividad humana que solapan en intensidad, modificando el paisaje ¿En qué medida podemos contribuir a cambiar el contexto que creamos, y que, a su vez, modifica y modula el paisaje sonoro?